HADRONES |
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En los años 1960, la primera de toda una serie de partículas fue detectada por Alvarez. Todas tenían una vida tan breve que su existencia sólo puede deducirse a partir de la necesidad de contar sus productos de desintegración. Sus vidas medias se encuentran en el orden de una billonésima de billonésima de segundo, y uno llega a preguntarse si son realmente partículas individuales o meramente una combinación de dos o más partículas, que realizan una pausa para conocerse unas a otras antes de centellear. Estas entidades de vida ultra breve se llaman "partículas de resonancia", y, en cuanto los físicos comenzaron a tener a su disposición cada vez mayores cantidades de energía, continuaron produciendo cada vez más partículas, hasta 150, y aún se conocieron más. Todas se encontraban entre los mesones y los bariones, y esos dos grupos fueron reunidos como hadrones (de una palabra griega que significa voluminoso). Los leptones siguen teniendo unos modestos tres sabores, cada uno conteniendo una partícula, antipartícula, neutrino y antineutrino. Los físicos quedaron tan desolados con la multiplicidad de los hadrones como les había pasado a los químicos con la multiplicidad de los elementos un siglo antes. Cada vez fue creyéndose más que los hadrones debían estar compuestos de partículas más simples. A diferencia de los leptones, los hadrones no tenían puntos sino unos diámetros definidos, no muy grandes, en realidad, sólo alrededor de 25 billonésimas de centímetro, pero esto no es un punto.
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