En 1935, el físico japonés Hideki Yukawa intentó
analizar matemáticamente el problema de la transferencia alternativa de
cargas entre protón y neutrón esta debe correr a cargo de una partícula
que posea cierta masa. Dicha masa se podría calcular tomando como base el
alcance del campo de fuerza nuclear (evidentemente, un alcance muy parco,
pues no se dejaba sentir más allá del ultramicroscópico núcleo). La
masa estaría en razón inversa al alcance: a mayor masa, menor alcance.
Resultó que la masa de la partícula apropiada figuraba en algún lugar
entre las masas del protón y el electrón. Yukawa estimó que sería 200
o 300 veces mayor que la masa de un electrón.
Escasamente un año después se descubrió esa partícula tan especial. En
el California Institute of Technology, Carl Anderson (descubridor del
positrón), cuando examinaba las huellas dejadas por unos rayos cósmicos
secundarios, halló un rastro muy corto, más curvilíneo que el del
protón y menos que el del electrón. En otras palabras, la partícula en
cuestión tenía una masa intermedia. Pronto se detectaron otros rastros
semejantes, y las partículas recibieron el nombre de "mesotrones"
o "mesones", para abreviar.
Más tarde se descubrió otra partícula perteneciente a este tipo de masa
intermedia, que recibió el nombre de "mu mesón", "mesón
mu" o "muón" ("mu" es una letra del alfabeto
griego; hoy se emplea ya casi todo este alfabeto para denominar
partículas subatómicas). Como en el caso de las partículas citadas
anteriormente, el muón presenta dos variedades: positiva y negativa.
El muón negativo, que tiene 206,77 veces más masa que el electrón (y,
por tanto, una novena parte del protón) es la partícula; el muón
positivo es la antipartícula. El muón negativo y el muón positivo
corresponden, respectivamente, al electrón y al positrón. Por cierto que
en 1960 se hizo evidente que el muón negativo era idéntico al electrón
en todos los aspectos, excepto en la masa. Era, pues, un "electrón
pesado". Asimismo, el muón positivo era un "positrón
pesado".
Hasta ahora no se ha podido explicar esta identidad, pese a ser tan real,
que los muones negativos pueden remplazar a los electrones en el átomo
para formar "átomos muón". Asimismo, los muones positivos
remplazan a los positrones en la antimateria.
Los muones positivos y negativos se aniquilarán entre sí, y tal vez
giren antes brevemente en torno a un centro común de fuerza: lo mismo
cabe decir de los electrones positivos y negativos. Sin embargo, en 1960
el físico americano Vernon Willard Hughes descubrió una situación mucho
más interesante. Detectó un sistema en que el electrón giraba alrededor
de un muón positivo; lo denominó "muonio" (el positrón que
gira alrededor de un muón negativo seria el "antimuonio").
El átomo muonio (si se nos permite llamarlo así) es análogo al
hidrógeno 1, en el cual el electrón gira en torno a un protón positivo,
y ambos son similares en muchas de sus propiedades. Aunque los muones y
electrones parecen ser idénticos, si se exceptúa la masa, esta
diferencia de masas basta para evitar una verdadera oposición entre el
electrón y el muón positivo, de forma que ninguno de ellos aniquilará
al otro. Por consiguiente, el muonio no tiene la inestabilidad
característica del positronio. El muonio resiste más tiempo, y
resistiría indefinidamente (siempre y cuando no fuese perturbado desde el
exterior) si no fuera porque el muón es mucho menos resistente. Apenas
transcurridas dos millonésimas de segundo aproximadamente, el muón se
desmorona, y el átomo muonio deja de existir.
He aquí otro punto de similitud: así como las partículas pesadas pueden
producir electrones más antineutrinos (como cuando un neutrón se
convierte en protón), o positrones más neutrinos (como cuando un protón
se convierte en neutrón), esas mismas partículas pesadas pueden mantener
una interacción para formar muones negativos más antineutrinos, o muones
positivos más neutrinos. Durante largos años, los físicos dieron por
supuesto que los neutrinos que acompañaban a los electrones y positrones
eran idénticos a los que iban unidos a los muones negativos y positivos.
Sin embargo, en 1962, se comprobó que los neutrinos no pasaban nunca al
otro campo, por así decirlo; el neutrino del electrón no emprendía
jamás una interacción que condujera a formar un muón, y, por su parte,
el neutrino del muón tampoco procedía en el mismo sentido respecto a
formar un electrón o un positrón.
Resumiendo: los físicos se encontraron con dos pares de partículas sin
cargas ni masas: el antineutrino del electrón y el neutrino del
positrón, más el antineutrino del muón negativo y neutrino del muón
positivo. ¿Cuál sería la diferencia entre los dos neutrinos y entre los
dos antineutrinos? De momento no puede decirse nada en este sentido, pero
no cabe duda de que son diferentes. Los muones difieren de los electrones
y positrones en otro aspecto: el de la estabilidad. El electrón o
positrón abandonado a su propia suerte, permanece invariable
indefinidamente. En cambio, el muón es inestable y se desintegra al
cumplirse las dos millonésimas de segundo, que es su promedio de vida. El
muón negativo se desintegra para formar un electrón (más un
antineutrino de la variedad electrón y un neutrino de la variedad muón),
mientras que el muón positivo hace lo mismo, aunque a la inversa, o sea,
da un positrón, un electrón-neutrino y un muón-antineutrino.
Cuando un muón se desintegra, forma un electrón (o positrón) con menos
de 1/200 de su masa, y un par de neutrinos que carecen en absoluto de
masa. ¿Pero, qué sucede con el 99,5% restante de la masa? De una forma
clara, se convierte en energía que puede emitirse como fotones o
consumirse en formación de otras partículas.
A la inversa, si se concentra la suficiente energía en un diminuto
volumen de espacio, en ese caso en vez de formarse un par
electrón-positrón, se formará un par más hinchado; un par parecido al
par electrón-positrón, excepto por el hinchamiento de energía que hace
las veces de masa. La adherencia de una masa extra al electrón o
positrón básico no es muy fuerte, por lo que el muón es inestable y
rápidamente se despoja de esa masa y se convierte en un electrón o
positrón.
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