LAS TRES MONTAÑAS
SAMAEL AUN WEOR
P R O L O G O
Gira la Tierra en el infinito espacio, suena el huracán, rugen los
volcanes, enloquecen los tiempos, surge el amenazador abismo abriendo sus
fauces, como para tragarse a sus víctimas... Y los seres humanos, ignorantes de
todo esto...
Llora la bella rosa bañada de rocío en la tierna mañana que deliciosa
invita a la entrega de las labores cotidianas; calienta el ardiente sol en
pleno mediodía como anfitrión de la necesaria pauta laboral; surgen los celajes
de la mesurada tarde en el inmenso espacio, extasiando a sus espectadores e
invitándoles a la reflexión... y los humanos que poblamos la faz de la Tierra,
absortos en nuestros pensamientos.
Arrulla con cariño la madre al niño que llora, suspira el reo ante el
Juez a quien reducir su condena implora, da hálitos el médico al moribundo
enfermo que rodeado de sus irresignados vástagos la muerte espera en la
residencia donde mora... y los inconformes humanos sufrimos indeciblemente los
efectos de la ignoradas causas...
Una luz divina se hace indispensable para iluminar la oscura senda de
la incomprensible vida... Pero...
¿Por qué estaremos llenos de tanto intelectualismo, dogmatismo,
aberraciones y fanatismos?
¿Por qué razón siempre que viene un Avatara o Mensajero de la
Venerable Logia Blanca, (Conjunto de Jerarquías divinas que van desde los
Angeles hasta los Serafines), rechazamos su doctrina, la encontramos
contradictoria, la condenamos o simplemente no la aceptamos?
¿Acaso fue NOE por todos aceptado? Aquellos bárbaros no sólo no creían
en su Arca de Salvación sino que consideraban todas sus predicciones como
Charlatanería, que el diluvio que predecía era nada más que pura farsa.
¿Nos olvidamos que la multitudes crucificaron al Cristo?
¿No fueron acaso los primeros cristianos perseguidos y puestos en
hirviente hoguera para padecer de muerte nada placentera, por los fanáticos de
la degenerada religión de aquella época?
En verdad, un nuevo Mensajero ha encarnado, el Quinto de los Siete
Angeles del Apocalipsis, y muy pocos somos los que hemos comprendido
profundamente que su doctrina es la misma primigenia y oculta que el Gran Kabir
Jesús enseñó a sus discípulos.
¡Oh humanidad actual! Sustancialmente en nada nos diferenciamos de las
bárbaras multitudes que dieron muerte al Señor de Toda Perfección.
RAZON: tenemos la conciencia adormecida y en esa situación, ni
vislumbramos que un nuevo Mensajero está con nosotros entregándonos la Tabla de
Salvación, la misma que los Avataras del pasado dieron en forma secreta a los
Iniciados, de labio a oído.
Ese nuevo enviado o Mensajero del Cielo es SAMAEL AUN WEOR.
Analizando juiciosamente podemos afirmar, que el temor es la causa
principal, el asiento básico por el cual la humanidad (la mayor parte de ella),
rechaza desde un principio a todo Mensajero de lo Alto, a todo Profeta mucho
antes de conocer su doctrina. Ese temor está fundamentado en la ignorancia,
porque pretendemos saber y en verdad desconocemos; ignoramos que ignoramos y es
por eso que incurrimos en muchos errores. Eso es lo grave.
En este nuevo Mensaje titulado: "LAS TRES MONTAÑAS", SAMAEL
no solamente da las Claves para la AUTO‑REALIZACION, sino que muestra,
señala, describe con entera claridad el camino completo que ha de conducirnos,
desde el principio de la Iniciación hasta la liberación final.
Señala SAMAEL que el camino está dividido en tres etapas, a las que
denomina "MONTAÑAS". La Primera corresponde a la INICIACION, la
Segunda, a la RESURRECCION, y la Tercera a la ASCENSION.
JESUS, el Gran KABIR, primeramente se inició en los Misterios
Arcaicos, luego Resucitó entre los muertos y posteriormente Ascendió a los
Cielos. Esa es la Senda secreta que conduce hasta la Liberación final.
En la Primera Montaña, la de la Iniciación, tal como su palabra lo
indica, el discípulo se inicia, comienza en Bodas Alkímicas la transmutación de
las aguas puras de vida en el más fino vino de la espiritualidad. Realiza
dentro de sí mismo interesantes cristalizaciones del Hidrógeno Sexual SI‑12
y desarrolla dentro de su Anatomía Oculta, los siete Grados de poder del Fuego.
Conviene aclarar que el Cuerpo Físico no es todo. En el Universo
existen variadas Dimensiones que se entrecruzan sabiamente sin confundirse
entre sí...
El Mundo Físico tridimensional de Euclides no es sino una fracción del
todo. La insuficiencia psíquica del actual ser humano lo imposibilita para
captar las otras Dimensiones, más esto no quiere decir que no existan.
En la Primera Montaña
despertamos CONCIENCIA y logramos ese nacimiento Segundo del cual habló Jesús a
Nicodemus, entonces alcanzamos la Maestría y vivenciamos las íntimas realidades
del Cosmos.
Incuestionablemente en la Primera Montaña debemos trabajar primero con
el Fuego y luego con la Luz.
Los Misterios del Fuego nos confieren poderes sobre los cuatro
elementos de la Tierra; los Misterios de la Luz nos conceden la Iluminación.
El Adepto de la Primera Montaña deberá elegir su camino. Algunos
Iniciados se resuelven por la Espiral Nirvánica llena de felicidad sin límites;
otros prefieren la vía directa que ha de llevarles hasta el Sagrado Absoluto
Solar.
Ostensiblemente los primeros rara vez se reencarnan, los segundos
marchan por la Senda del deber largo y amargo.
Quienes anhelan la Perfección en la Maestría, deben elegir la vía
directa.
Por la Segunda Montaña sólo ascienden aquellos que renunciaron al
NIRVANA, los Maestros de Compasión... Esos que aspiran a la Resurrección.
En la Primera Montaña debemos vivenciar el Drama Cósmico en forma
simbólica; en la Segunda debemos experimentarlo crudamente, sin simbolismos de
ninguna especie.
Todo este trabajo es definitivamente Alkímico, Sexual. Absurdo sería
querer conseguir Perfección en la Maestría olvidándonos del Tercer Logos, Señor
y Dador de Vida...
Obviamente en la Montaña de la Resurrección, señala SAMAEL, el
Iniciado deberá bajar a las regiones infernales de los Nueve Planetas: LUNA,
MERCURIO, VENUS, SOL, MARTE, JUPITER, SATURNO, URANO Y NEPTUNO.
Tal descenso es indispensable para erradicar elementos Psíquicos
subjetivos, procedentes de errores cometidos en vidas anteriores, y liberar la
esencia, la luz que los citados elementos Infra‑Humanos aprisionan.
Así el Héroe Solar conquista el aspecto celestial de cada una de las
Nueve esferas.
La Perfección en la Maestría adviene posteriormente con la
Resurrección Esotérica trascendental, con la cristalización del Tercer Logos
dentro de nosotros mismos aquí y ahora.
La Tercera Montaña da final al presente tratado Gnóstico, escrito por
el Mensajero de la Nueva Era Acuaria.
Indubitablemente los trabajos de la Montaña de la Ascensión, suelen
ser más delicados que aquellos que el Adepto hace en las dos Montañas
anteriores.
En la Tercera Montaña el Adepto deberá lograr la cristalización íntima
del Segundo y del Primer Logos.
Es ostensible que el Sagrado Sol Absoluto quiere cristalizar dentro de
cada uno de nosotros, las tres fuerzas primarias del Universo. (Brahama,
Vishnú, Shiva).
No serían completas tales cristalizaciones, si excluyéramos el
descenso a las regiones infernales de Plutón, y de esos otros dos Mundos que
están mucho más allá de la órbita de tal planeta, aún no descubiertos por los
científicos.
"Padre Mío, en tus manos encomiendo mí espíritu..."
Debemos aclarar que SAMAEL conoce el camino tan detalladamente, porque
otrora ya lo recorrió...
Escaló el AVATARA las Tres Montañas en el pasado MAHAMVANTARA y hubo
de repetir tales esfuerzos primero en la época de la Lemuria, en nuestro
planeta Tierra; segundo en la época actual del Siglo XX.
Su misión: Dar este mensaje a la Humanidad doliente para que salga de
este "Valle de Lágrimas" y entre dichosa en el Paraíso perdido.
¿Quién otro nos puede enseñar el camino que debemos seguir sino aquél
que ya lo recorrió?
PAZ INVERENCIAL
J. ENRIQUE BATARSE.
CUATRO PALABRAS AL LECTOR
Sin querer en modo alguno herir delicadas susceptibilidades, debemos
enfatizar la idea básica de que en el ambiente cultural‑espiritual de la
humanidad contemporánea, co‑existen variadas instituciones venerables,
que muy sinceramente creen conocer el camino secreto y que sin embargo no le
conocen.
Permítaseme la libertad de decir con gran solemnidad que no queremos
hacer crítica destructiva; ENFATIZAMOS, y es ostensible que eso no es delito.
Obviamente, y por un simple respeto muy profundo hacia nuestros
semejantes, jamás nos pronunciaríamos contra ninguna mística institución.
A ningún elemento humano podría criticársele por el hecho de
desconocer algo que nunca se le ha enseñado. El camino secreto jamás ha sido
develado públicamente.
En términos rigurosamente socráticos, diríamos que muchos eruditos que
pretenden conocer a fondo la Senda del Filo de la Navaja, no sólo ignoran, sino
además ignoran que ignoran.
No queriendo indicar o señalar organizaciones espirituales de ningún
tipo y sin el ánimo de zaherir a nadie, diremos simplemente que el ignorante
ilustrado no solamente no sabe, sino además no sabe que no sabe.
En todos los libros sagrados de la antigüedad se hace alusión al
camino secreto, se le cita, se le nombra en muchos versículos, más la gente no
le conoce.
Develar, indicar, enseñar la senda esotérica que conduce a la
liberación final, es ciertamente el propósito de esta obra que tenéis en
vuestras manos, querido lector. Este es un libro más del Quinto Evangelio.
Gothe, el gran iniciado alemán, dijo: "Toda teoría es gris y sólo
es verde el árbol de dorados frutos, que es la vida".
Vivencias trascendentales es ciertamente lo que entregamos en este
nuevo libro: lo que nos consta, lo que hemos experimentado directamente.
Es inaplazable trazar los mapas del camino, indicar con precisión cada
paso, señalar los peligros, etc., etc., etc.
Hace algún tiempo los guardianes del Santo Sepulcro me dijeron:
"Sabemos que te vais, más antes de que te marchéis, debéis dejarle a la
humanidad los mapas del camino y vuestras palabras".
Yo respondí diciendo: "eso será lo que haré". Desde entonces
me comprometí solemnemente a escribir este libro.
EL AUTOR.
CAPITULO I
MI INFANCIA
No está demás aseverar solemnemente que nací con enormes inquietudes
espirituales; negarlo sería un absurdo...
Aunque a muchos les parezca algo insólito e increíble, el hecho
concreto de que haya alguien en el mundo que pueda recordar en forma íntegra la
totalidad de su existencia, incluyendo hasta su propio suceso del nacimiento,
quiero aseverar que yo soy uno de esos.
Después de todos los consabidos procesos natales, muy limpio y
hermosamente vestido, deliciosamente fui colocado en el lecho materno junto a
mi madre...
Cierto gigante muy amable, acercándose a aquel sagrado lecho, sonriendo
dulcemente me contemplaba, era mi padre.
Huelga decir claramente y sin ambages, que en el amanecer de cualquier
existencia andamos originalmente en cuatro patas, luego en dos y por último en
tres. Obviamente la postrera es el bastón de los ancianos.
Mi caso en modo alguno podía ser una excepción a la regla general.
Cuando tuve once meses quise caminar y es evidente que lo logré, sosteniéndome
firmemente sobre mis dos pies.
Todavía recuerdo plenamente aquel instante maravilloso en que,
entrelazando mis manos sobre la cabeza, hiciera solemnemente el signo masónico
de socorro: "ELAI B" NE AL' MANAH".
Y como quiera que todavía no he perdido la capacidad de asombro, debo
decir que lo que sucedió entonces me pareció maravilloso. Caminar por vez
primera con el cuerpo que a uno le ha dado la Madre Natura, es fuera de toda
duda un prodigio extraordinario.
Muy serenamente me dirigí hasta el viejo ventanal desde el cual podía
verse claramente el abigarrado conjunto de personas que aquí, allá, o acullá, aparecían
o desaparecían en la calleja pintoresca de mi pueblo.
Agarrarme a los barrotes de tan vetusta ventana, fue para mi la primera aventura; afortunadamente mi padre
‑hombre muy prudente ‑ conjurando con mucha anticipación cualquier
peligro, había colocado una malla de alambre en la balaustrada, a fin de que yo
no fuese a caer en la calle.
¡Ventana muy antigua de un alto piso! ¡Cuánto la recuerdo! Vieja
casona centenaria donde diera mis primeros pasos...
Ciertamente en esa deliciosa edad, amaba los encantadores juguetes con
que los niños se divierten, más esto en modo alguno interfería mis prácticas de
meditación.
Por esos primeros años de la vida en que uno aprende a caminar,
acostumbraba sentarme al estilo oriental para meditar...
Entonces estudiaba en forma retrospectiva mis pasadas reencarnaciones
y es ostensible que me visitaban muchas gentes de los antiguos tiempos.
Cuando concluía el éxtasis inefable y retornaba al estado normal común
y corriente, contemplaba con dolor los muros vetustos de aquella centenaria
casa paternal, donde yo parecía, a pesar de mi edad, un extraño cenobita...
¡Cuán pequeño me sentía ante esos toscos murallones! lloraba... ¡Sí!
como lloran los niños...
Me lamentaba diciendo: ¡Otra vez en un nuevo cuerpo físico! ¡Cuán
dolorosa es la vida! ¡Ay! ¡Ay! ¡Ay!...
En esos precisos instantes acudían siempre mi buena madre con el
propósito de auxiliarme, a tiempo que exclamaba: "El niño tiene hambre,
tiene sed," etc., etc., etc.
Jamás he podido olvidar aquellos instantes en que alegre corría por
los solariegos corredores de mi casa...
Entonces me acaecían insólitos casos de Metafísica trascendente: Me
llamaba mi padre desde el umbral de su recámara; yo le veía en ropas de dormir
y cuando intentaba acercarme a él, se esfumaba perdiéndose en la dimensión
desconocida...
Empero, confieso sinceramente que este tipo de fenómenos psíquicos me
eran muy familiares. Entraba sencillamente en su alcoba y al verificar en forma
directa que su cuerpo físico yacía dormido entre el perfumado lecho de caoba,
me decía a mi mismo lo siguiente: ¡Ah! lo que sucede es que el alma de mi padre
está afuera porque su cuerpo carnal en estos momentos está durmiendo.
Por aquellos tiempos comenzaba el cine mudo y muchas gentes se reunían
en la plaza pública durante la noche, para distraerse observando películas al
aire libre en la rudimentaria pantalla: una sábana bien templada, clavada en
dos palos debidamente distanciados...
Yo tenía en casa un cine muy diferente: me encerraba en una recámara
obscura y fijaba la mirada en la barda o pared. A los pocos instantes de
espontánea y pura concentración, se iluminaba espléndidamente el muro cual si
fuese una pantalla multidimensional, desapareciendo definitivamente las bardas;
surgían luego de entre el infinito espacio, paisajes vivientes de la gran
naturaleza, gnomos juguetones, silfos aéreos, salamandras del fuego, ondinas de
las aguas, nereidas del inmenso mar, criaturas dichosas que conmigo
jugueteaban, seres infinitamente felices.
Mi cine no era mudo, ni en él se necesitaba a Rodolfo Valentino, o a
la famosa Gatita Blanca de los Tiempos idos.
Mi cine era también sonoro y todas las criaturas que en mi pantalla
especial aparecían, cantaban o parlaban en el orto purísimo de la divina lengua
primigenia, que como un río de oro corre bajo la selva espesa del sol.
Más tarde, al multiplicarse la familia, invitaba a mis inocentes
hermanitos y ellos compartían conmigo esta dicha incomparable mirando
serenamente las figuras astrales en la extraordinaria barda de mi oscura
recámara...
Fui siempre un adorador del Sol y tanto al amanecer como al anochecer
subía sobre la techumbre de mi morada (porque entonces no se usaban las
azoteas) y sentado al estilo oriental como un yoguín infantil, sobre las tejas
de barro cocido, contemplaba al astro rey en estado de éxtasis, sumiéndome así
en profunda meditación: buenos sustos se llevaba mi noble madre viéndome
caminar sobre la morada...
Siempre que mi anciano padre abría la vieja puerta del guardarropa,
sentía como si me fuese a entregar aquella singular chaqueta o casaca de color
púrpura en la que lucían dorados botones...
Vieja prenda del vestir caballeresco que usara con elegancia en
aquella mi antigua reencarnación en que me llamara Simeón Bleler; a veces se me
ocurría que entre ese armario viejo pudieran también estar guardados espadas y
floretes de los antiguos tiempos.
No se si mi padre me comprendiera; pensaba tal vez que pudiera
entregarme objetos de esa antepasada existencia; el anciano me miraba y en vez
de tales prendas me entregaba una carreta para que con ella jugara; juguete de
dichas inocentes en mi infancia...
CAPITULO II
R E L I G I O N
Enseñado en buenos modales, confieso francamente y sin ambages, que
fui educado de acuerdo con la religión oficial de mi pueblo.
Travesear con alguien, por el desván, en plena liturgia, siempre me
pareció abominable...
Desde niño tuve el sentido de veneración y respeto. No quise jamás
encogerme de hombros en pleno culto; nunca me agradó escabullirme de entre mis
sagrados deberes, ni reírme, ni burlarme de las cosas santas.
Sin querer ahora enredarme entre espinas y zarzales, debo tan sólo
decir que en tal secta mística ‑no importa cual sea su nombre ‑
encontré principios religiosos comunes en todas las religiones confesionales
del mundo. Citarlos ahora, es conveniente para bien de la Gran Causa.
CIELOS. Los hallamos en toda religión confesional aunque con diversos
nombres; empero, estos son siempre nueve, como dijera con tanto acierto el
Dante Florentino, en su clásico poema de la Divina Comedia.
1.) Cielo de la LUNA
(Mundo Astral).
2.) Cielo de MERCURIO
(Mundo Mental).
3.) Cielo de VENUS (Mundo
Causal).
4.) Cielo de SOL (Mundo
BUDDHICO o INTUICIONAL).
5.) Cielo de MARTE (MUNDO
ATMICO. Región de ATMA).
6.) Cielo de JUPITER (EL
NIRVANA).
7.) Cielo de SATURNO
(Mundo PARANIRVANICO).
8.) Cielo de URANO (Mundo
MAHAPARANIRVANICO).
9.) Cielo de NEPTUNO (EL
EMPIREO).
Resulta palmario manifiesto que
estos nueve cielos en hora buena citados, están también dentro de nosotros
mismos, aquí y ahora, y se penetran y compenetran mutuamente sin confundirse.
Obviamente estos nueve cielos se hallan ubicados en nueve dimensiones
superiores; ostensiblemente se trata de nueve universos paralelos.
INFIERNOS. No está demás en este esotérico Mensaje de Navidad 1972‑1973,
recordar con cierto énfasis muy singular a los diversos infiernos religiosos..
Evoquemos con solemnidad, hagamos memoria, de los múltiples infiernos
prehistóricos e históricos.
Remembranza, reminiscencias, existe por doquiera sobre infiernos
Chinos, Mahometanos, Buddhistas, Cristianos, etc., etc., etc...
Resulta incuestionable que todos esos variados infiernos sirven de
símbolo para el mundo mineral sumergido...
Claramente, el Dante, discípulo maravilloso de Virgilio el Poeta de
Mantua, descubre con asombro místico la íntima relación existente entre los
nueve círculos Dantescos y los nueve cielos...
"EL BARDO THODOL", LIBRO TIBETANO DE LOS ESPIRITUS DEL OTRO
MUNDO, resalta magnífico ante nuestros ojos haciéndonos ver la cruda realidad
de los "MUNDOS‑INFIERNOS", dentro del interior del organismo
planetario en que vivimos.
Es indubitable que los Nueve Círculos Dantescos dentro del interior de
la Tierra, se corresponden científicamente con las nueve INFRADIMENSIONES
sumergidas bajo la región tridimensional de EUCLIDES.
Resulta palmario y claro, la existencia cósmica de los MUNDOS‑INFIERNOS,
en cualquier mundo del espacio infinito.
Obviamente el reino mineral sumergido, no es ciertamente una excepción
del planeta Tierra.
ANGEOLOGIA
Todo el Cosmos es dirigido, vigilado y animado por series casi
interminables de Jerarquías de Seres conscientes, teniendo cada uno de ellos
una misión que cumplir, y quienes (ya se les llame por un nombre o por otro,
Dhyan‑Chohans, Angeles o Devas, etc.) son Mensajeros tan sólo en el
sentido de ser agentes de las Leyes Kármicas y Cósmicas. Varían hasta el
infinito en sus grados respectivos de consciencia y de inteligencia y todos
ellos son hombres perfectos en el sentido más completo de la palabra.
Múltiples servicios angélicos caracterizan el Amor Divinal. Cada
Elohim trabaja en su especialidad. Nosotros podemos y debemos apelar a la
protección Angélica.
D I O S
Todas las religiones son perlas preciosas engarzadas en el hilo de oro
de la Divinidad.
Es ostensible el amor que todas las místicas instituciones del mundo
sienten por lo Divinal: Alá, Brahama, Tao, Zen, I.A.O., INRI, Dios, etc., etc.,
etc.
El Esoterismo Religioso no enseña ateísmo de ningún tipo, excepto en
el sentido que encierra la palabra sánscrita NASTIKA: no admisión de ídolos,
incluyendo a ese Dios antropomorfo de la gente ignorante (cosa absurda sería
creer en un dictador celeste que sentado allá arriba en un trono de tiranía,
lanzara rayos y centellas contra este triste hormiguero humano).
El Esoterismo admite un LOGOS o un "CREADOR" colectivo del
universo, un DEMIURGO arquitecto.
Es incuestionable que tal DEMIURGO no es una Deidad personal como
muchos equivocadamente suponen, sino sólo la colectividad de los DHYAN CHOHANS,
Angeles, Arcángeles y demás fuerzas. DIOS ES DIOSES.
Escrito está con caracteres de fuego en el libro resplandeciente de la
vida, que Dios es el Ejército de la Voz, la Gran Palabra, El Verbo.
"En el principio era el Verbo, y el Verbo estaba con Dios, y el
Verbo era Dios".
"Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha
sido hecho, fue hecho".
Es algo palmario y manifiesto, que cualquier hombre auténtico que
logre realmente la perfección, ingresa por tal motivo en la corriente del
sonido, en las milicias celestes constituidas por los buddhas de compasión,
Angeles, Espíritus Planetarios, Elohím, Rishi‑Prajapatis, etc., etc., etc.
Se nos ha dicho con gran énfasis que el LOGOS suena y eso es obvio. EL
DEMIURGO, El Verbo, es unidad múltiple perfecta.
Quien adora a los Dioses, quien les rinde culto, puede capturar mejor
la honda significación de las diversas facetas divinales del DEMIURGO
arquitecto.
Cuando la humanidad se burló de los Dioses Santos, cayó herida de
muerte en el grosero materialismo de esta edad de hierro.